Queridas Hermanas,
Que la paz del Altísimo nos alcance.
Al adentrarse en el reino hominal la criatura pasa a experimentar un elenco de emociones desde su nacimiento.
Se presentan en variadas intensidades y se manifiestan descontroladamente, aún bajo la influencia físico-espiritual de las tendencias animales.
Desde el cerebro humano salen las directrices para la vida, ya sean éstas orgánicas o psíquicas. Así es como las hormonas y los impulsos electromagnéticos son los responsables por el funcionamiento del cuerpo de carne que abriga provisionalmente el espíritu.
De la experiencia en la carne, el conjunto cuerpo-espíritu va mejorando gradualmente, hasta que, elevando el patrón vibratorio de la mente, el espíritu pasa a comandar plenamente su cuerpo, que entonces deja de ser necesario para el progreso del ser en la escala evolutiva.
En la actual etapa en la que os encontráis, estás vislumbrando los albores de este tiempo, en el que el espíritu toma consciencia de que sus emociones son el resultado de la interacción entre cuerpo y espíritu, y revelan la condición espiritual en la que os encontráis.
Cuanto más fuerte sea la carga de energía desperdiciada en forma de emociones descontroladas, mayor es el grado de inferioridad del espíritu, y por tanto, mayor es el riesgo de caída para este.
Por eso el dolor es necesario, pues como una medicina, permite el drenaje de las toxinas generadas por la quema exagerada de los combustibles emocionales, eliminando a través de la materia, los residuos que impiden la ascensión del espíritu.
La Misericordia Divina representa el dolor, pues nos ayuda a saltar de una condición inferior a otra superior.
En la medida en la que se va despertando en el camino de la luz, el neófito debe de estar atento a sus emociones.
Conocerlas, comprenderlas, para transmutarlas.
Debe enfrentar con gallardía el rol de vibraciones que compone su espectro áurico y al tomar consciencia de ellas, trabajar incesantemente hasta que haya suplantado la transición entre la inconsciencia animal y la consciencia humana, en lo que respecta a sus emociones.
A los que son llamados para el ajuste de cuentas, como deudores del pasado y que conocen la realidad de la vida espiritual, la euforia y el miedo dominan su alma.
Euforia, porque su espíritu presiente la importante y decisiva hora que vive, vislumbrando instintivamente el reino de paz que le aguarda y para el cual se encuentra atrasado.
Miedo, porque conoce sus flaquezas y guarda en la memoria emocional el registro de las caídas y dolores sufridos. Teme fracasar. Teme ser vencido y arrastrado lejos del Reino de Luz.
Es en la tensión emocional del enfrentamiento consigo mismo como nace un Guerrero de la Luz, pues aquellos que sirven a Jesús deben conocer el coraje para enfrentarse a sí mismos, reafirmando en cada lucha, la determinación y la fe en la Ley del Progreso.
El Maestro, todo Luz y Bondad, no os exige perfección, puesto que todos nosotros, que estamos reunidos a vuestro alrededor, tampoco la poseemos. Pero, por la Fuerza de Su Presencia, estamos obligados a encontrar nuestro lugar en la escala del progreso; y una vez situados, demostrar la sinceridad de nuestros propósitos en avanzar en la dirección de la perfección.
Así es que se nos invita, diariamente, a servir y luchar enfrentando a vuestro enemigos, pues ellos son los granos de arena que transformaréis en perlas de redención, a través del esfuerzo personal.
¡No hay milagros, Dios os da las condiciones! El trabajo que debe transformar vuestra realidad y la fe para sostener vuestra determinación.
Que la paz del Señor de los Mundos permanezca entre vosotros.
Joana de Ângelis
GESH - 08/11/2008 - Vitória, ES - Brasil